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Los voluntarios del Hospital, un gran equipo imprescindible para el día a día de Sant Joan de Déu

Entrevista a Blanca Garí y Michelle Stahlie, voluntarias del Área de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona.

5 Diciembre 2019
Blanca Garí y Michelle Stahlie delante del Área de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
Blanca Garí y Michelle Stahlie delante del Área de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
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Tan antiguo como el propio Hospital Sant Joan de Déu Barcelona es la historia de los voluntarios en nuestro centro. De hecho, el voluntariado forma parte de la institución desde su inicio hace más de 5 siglos. Cada semana, 957 personas dedican su tiempo a nuestros valientes y sus familias. Blanca y Michelle son dos de esas personas que regalan su tiempo y su pasión para ayudar en nuestra Área de Salud Mental, uno de los servicios más complejos y motivantes para realizar un voluntariado. Pero además, su implicación con Sant Joan de Déu ha ido mucho más allá, y por eso han impulsado el proyecto KokoloKos, con el cual ya han recaudado en 2018 más de 12.000 euros para el Hospital.

Blanca lleva 18 años en nuestra institución y ha realizado voluntariado en la sala de juegos, en el Hospital de Día de oncología y desde hace quince años en el Área de Salud Mental, tanto en la planta de hospitalización como en el Hospital de Día de este servicio. Michelle, por su parte, hace 12 años que es voluntaria y, además de hacer acompañamiento en las habitaciones, en Urgencias y en la unidad de trasplantes, también hacía un taller de relajación para las familias de los niños de larga estancia "para que tuviesen un momento de relax dentro de la compleja situación que tenían que pasar". Cuando se inauguró el actual edificio de salud mental, le ofrecieron realizar también un voluntariado de yoga en esta unidad especialmente, para aquellos que acudían por trastornos de conducta alimentaria.

"Los pacientes me dicen continuamente que también quieren hacerse voluntarios", afirma Blanca, y es que ella asegura que para los chicos y chicas que están viviendo un ingreso en salud mental, que suelen tener la autoestima muy baja y están pasando por una situación muy vulnerable en sus vidas, “el hecho de que tú vengas a estar por y para ellos, a acompañarles simplemente, les enseña muchas cosas, sobre todo les haces sentir personas valoradas e importantes. Asombrados de que no cobremos nada, yo les respondo que ellos me 'pagan' con su sonrisa y aceptación".

Cada semana, unos 20 pacientes reciben a Michelle con gran alegría en los dos talleres que hace de yoga, "realmente lo que hago es yogaterapia, cuyo objetivo principal es encontrar el bienestar físico, mental y emocional a través de estiramientos y posturas de yoga. También trabajamos técnicas de relajación a través de la respiración y bloqueos emocionales". 

Pero además, las dos participan en un nuevo proyecto con pacientes de neurofibromatosis, a quienes acompañan semanalmente a La Granja -escuela de educación emocional- junto a su equipo médico para trabajar en grupo las emociones que surgen en estos niños a raíz de esta grave enfermedad.

Ambas coinciden en que hacer un voluntariado es "dar sin esperar nada a cambio", pero que al final sienten que reciben mucho y aprenden muchísimo de ellas mismas y se enriquecen como personas. "Viene una a dar desde el corazón y al final los chicos también lo notan. Sentimos muchísimo orgullo de pertenecer a esta gran familia del Hospital Sant Joan de Déu  y nos sentimos muy privilegiadas y agradecidas", afirman sin dudarlo ni un momento.

Cuando les preguntas por alguna experiencia especial vivida, Blanca se emociona al recordar cómo los padres de un niño con cáncer que había fallecido y con el que ella había pasado mucho tiempo en el Hospital de Día, la llamaron dos años después para que fuera  testigo de su boda. "¡Yo no sabía que no estaban casados y me emocionó estar allí ese día tan especial! Pude comprobar hasta dónde un voluntario es capaz de llegar en la vida y el corazón de una familia".

Michelle, por su parte, afirma que le ha pasado en varias ocasiones que pacientes que van a ser dados de alta le piden que les ayude a buscar un centro donde seguir practicando yoga porque les encanta y les ha ayudado mucho. "¡Y esto a mí me llena de alegría porque he visto que he podido poner mi granito de arena en su recuperación!".

Kokolokos, cocodrilos solidarios y desestigmatizadores

En cuanto al proyecto "Kokolokos", del cual son las grandes impulsoras, nos explican que ya los chicos sabían hacer cocodrilos con bolas de colores desde hacía mucho tiempo, que es una actividad recurrente en la planta, "pero entonces llegó Michelle, que es la que tiene visión empresarial" -afirma Blanca- "y se le ocurrió que podíamos hacer solidarios a los cocodrilos,  hacer un proyecto más grande que implicara a las familias de los pacientes y a los propios pacientes, como con las Pulseras Candela, y los pudiésemos vender para ayudar a financiar proyectos para la propia unidad". 

Los pacientes buscaron el nombre "Kokoloko" porque querían de alguna manera desestigmatizar la propia enfermedad. "Quien piense que estamos locos es porque locos están ellos", afirma Michelle que decían los pacientes mientras hacían la lluvia de ideas para darle un nombre al proyecto.

Pronto descubrieron que la implicación de los padres era difícil, ya que justamente una de las cosas que más hay que trabajar con los pacientes de salud mental es el vínculo familiar. "Por eso para mí, el mejor Kokoloko, es aquel que me dicen que no lo quieren vender, sino regalar a su familiar,  ya que ese es el primer gran paso. También me alegra cuando en alguna ocasión le he dicho a los chicos que me sentía muy contenta de su esfuerzo y de lo bien que habían hecho su primer cocodrilo, y me contestan que nunca les habían dicho eso", afirma Blanca. 

Y así es como buscaron unos voluntarios muy especiales para hacer crecer el proyecto: los internos de dos módulos del Centro Penitenciario Can Brians 2. "Fuimos a enseñarles a hacer Kokolokos y la verdad es que están encantados. Nos han llegado a decir cosas muy bonitas con este proyecto como que sienten que cuando haces algo bueno, la vida te lo devuelve. ¡Es realmente muy emocionante!".

Una emoción vivida por todos que hasta el momento, se ha transformado en 12.000 euros destinados a financiar diversas necesidades del Área de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona.

Aún Blanca y Michelle sienten que hay mucho que hacer para que la sociedad deje de ver con miedo la enfermedad mental. "Creo que hay mucho desconocimiento sobre ella y tiene que dejar de ser ya un tema tabú", afirma Michelle. Y Blanca, por su parte, nos recuerda que tenemos que tener en cuenta que "el hilo entre estar en un centro de salud mental o no es muy fino y fácil de traspasar. Todos podemos pasar un momento duro y difícil en nuestra vida que nos lleve a estar realmente muy tristes, y a veces esto se puede convertir en una enfermedad. Y eso tenemos que recordarlo".

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