
Una joven de 15 años tratada de hiperhidrosis explica cómo le ha cambiado la vida después de someterse a una intervención de simpaticólisis torácica endoscópica.
Desde que llegó a la adolescencia, a Luana le sudaban tanto las manos que, cuando los médicos le preguntaron cómo interfería la sudoración en sus actividades cotidianas, explicó que le hacía la vida insoportable. "Cuando tenía que escribir —recuerda Luana— el bolígrafo me resbalaba de las manos y el papel quedaba mojado. Yo practico gimnasia artística y, aunque continuamente me ponía magnesio en las manos para secarlas, enseguida las volvía a tener mojadas. En las paralelas no podía cogerme bien a las barras y a menudo resbalaba."
Pero quizás la repercusión más grave que este problema tenía en su vida era en la vertiente más social y emocional. "Me avergonzaba mucho tener que dar la mano a alguien. Siempre estaba pendiente de secármela antes de hacerlo. Todo esto incidía en mi autoestima y seguridad", explica.
Su padre, Àlex, recuerda que en un inicio no prestaron demasiada atención. "Al principio no le hicimos mucho caso porque todos sudamos, es algo normal, y no pensábamos que fuera un problema tan grave ni sabíamos que se pudiera tratar". Cuando Luana, desesperada, buscó información y se enteró que su problema tenía tratamiento, lo comentó con sus padres y éstos decidieron llevarla a un especialista del Hospital de Meritxell, en Andorra. Allí le diagnosticaron una hiperhidrosis, una condición médica caracterizada por una sudoración excesiva e imprevisible en manos, pies y axilas.
La joven andorrana fue derivada al Servicio de Cirugía del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona, donde los especialistas que evaluaron su caso le propusieron someterse a una simpaticólisis torácica endoscópica para resolver el problema. “Se trata de una cirugía mínimamente invasiva que consiste en realizar dos pequeñas incisiones debajo de la axila del paciente para bloquear los nervios que actúan como 'interruptor' de las glándulas sudoríparas”, explica el jefe del Servicio de Cirugía, Xavier Tarrado.
Cuando una persona hace actividad física, tiene fiebre o calor, la temperatura de su sangre aumenta. El hipotálamo lo detecta y envía una señal al nervio simpático. En el caso de las personas con hiperhidrosis, este interruptor no funciona correctamente, envía señales de manera continuada a las glándulas responsables del sudor, lo que desencadena en el organismo una sudoración continua y excesiva.
En los casos de hiperhidrosis leve o moderada, los dermatólogos prescriben al paciente un tratamiento tópico, farmacológico, de iontoforesis (administración de corrientes eléctricas) o infiltración de toxina botulínica. La simpaticólisis torácica endoscópica se reserva únicamente para los casos más graves e incapacitantes, como el de Luana.
Fue operada en febrero de 2026 y recuerda que, nada más despertarse después de la intervención, ya observó cambios: "Ya noté que las manos no me sudaban". Seis meses después, asegura que su vida ha cambiado radicalmente y que ha ganado en tranquilidad. "Sentir las manos secas me ha hecho sentirme más libre. Antes siempre estaba pendiente de las manos; ahora no tengo que esconderlas", explica.
Acuerdo de colaboración con Andorra para la atención de los niños del Principado
Luana ha podido ser tratada en el Hospital Sant Joan de Déu Barcelona gracias al acuerdo de colaboración que el Servei Andorrà d'Atenció Sanitària (SAAS) tiene suscrito con el Hospital desde el año 2014 con el objetivo de garantizar que los niños y adolescentes de Andorra tienen acceso a una atención pediátrica altamente especializada.
Mediante este acuerdo de colaboración, los niños y niñas del Principado pueden ser atendidos por profesionales de Sant Joan de Déu. En algunos casos, son visitados en su territorio por especialistas que se desplazan periódicamente a Andorra. Cuando requieren un tratamiento muy específico que no pueden recibir allí, vienen a Barcelona para recibirlo en el Hospital Sant Joan de Déu.
El acuerdo de colaboración facilita, además, el intercambio de conocimiento entre los profesionales de ambos territorios, y el asesoramiento clínico y soporte a distancia. Todo ello contribuye a mejorar la continuidad asistencial y evita desplazamientos innecesarios de las familias.



