Seguir la dieta mediterránea durante el embarazo mejora la microbiota intestinal de la madre

Así lo demuestra un estudio liderado por BCNatal y el IRSJD en el que han participado 351 mujeres embarazadas.
Un estudio coordinado por equipos de BCNatal (Hospital Sant Joan de Déu Barcelona – Hospital Clínic) y del Institut de Recerca Sant Joan de Déu ha determinado que seguir una dieta mediterránea durante el embarazo es beneficioso para la microbiota intestinal materna. Este tipo de alimentación favorece bacterias relacionadas con una mejor salud metabólica.
La investigación forma parte del proyecto IMPACT BCN, un ensayo clínico con más de 1.200 mujeres embarazadas que busca mejorar los resultados perinatales a largo plazo a través del bienestar materno durante el embarazo, sin intervenciones farmacológicas.
En una submuestra de 351 participantes, se analizó el impacto de dos cambios en la rutina sobre la microbiota intestinal y vaginal materna: seguir la dieta mediterránea y reducir el estrés mediante mindfulness.
Los resultados del estudio publicado en The American Journal of Clinical Nutrition muestran que la dieta mediterránea modifica la estructura global de la microbiota intestinal, aumentando bacterias beneficiosas para la salud. La intervención de reducción del estrés tuvo un efecto más modesto, y ninguna de las dos mostró cambios relevantes en la microbiota vaginal.
La microbiota intestinal, formada por los microorganismos que habitan en el intestino, desempeña un papel clave en la digestión, el metabolismo y la regulación del sistema inmunitario. Durante el embarazo, su importancia es aún mayor, ya que puede influir en la salud materna, el desarrollo del feto y la futura microbiota del bebé.
Francesca Crovetto, investigadora del IRSJD y última autora del estudio, afirma que “el embarazo es una ventana de oportunidad única para mejorar la salud de la madre y del bebé. Cambios relativamente sencillos, como seguir una dieta mediterránea, pueden tener un impacto significativo en la microbiota intestinal”.
Este es uno de los primeros estudios clínicos que demuestra una relación directa entre intervenciones de estilo de vida durante el embarazo y la microbiota intestinal materna, aunque se necesitan más investigaciones para conocer sus efectos a largo plazo.




